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domingo, 31 de julio de 2011

Pedro Ayala: El sufrimiento humano en su desgarradora desnudez.

 A través de las figuras humanas, los rostros, los gestos y las expresiones internas que reflejan las alegrías, las angustias, los dolores vividos o temidos; nos vienen recuerdos, recuerdos que viajan en los paisajes de la mente y que han dejado de ser pasado para ser presente. Hay hombres que asumen para sí, el drama de la vida misma, hombres que hacen propio el dolor ajeno. A esta estirpe escasa y en vías de extinción pertenece el artista sinaloense Pedro Ayala.

Es un hecho que nadie podrá ver en las obras de los artistas plásticos lo mismo que ve el pintor a través de sus sueños. Dicha aseveración la hago con la cautela que debe caracterizar cualquier extrapolación hecha en la periferia de la obra en sí, por ello, la obra de Pedro plantea una muestra que nos lleva a una relación entre el interiorismo del ¨yo¨, con su capacidad de percepción social del entorno enmarcada en la figura del ser humano, con una visión excepcional de comprender el dolor, la miseria, la persona, el individualismo y las conexiones con el entorno físico, al final en la lectura de su concepto evoca el egocentrismo de un ser materialista, individualista y sufrido.

Al talento natural, suma  a Pedro Ayala una infatigable capacidad de trabajo, más atenta a la calidad que a la cantidad. Su problemática es compleja y cabe deducir que sus obras exigen maduración en el concepto y en la ejecución; Color, luz, composición, aparecen orquestados dentro de un dolor hecho imagen y que conjuga lo filosófico con lo trascendental; y que además logra como resultado final una armonía que en ningún momento abdica de la fuerza.
En otras palabras, la obra de Pedro Ayala no sólo es dueña de autonomía discursiva, sino a través de una singular sintaxis, nos permite establecer un recorrido por lo que podríamos denominar "demarcaciones místicas". Dichas demarcaciones son las que percibo como mundos sensibles, las cuales evocan los sueños más inhóspitos jamás contados…. Jamás hechos imagen.
La calidad de su obra reside en esa paradoja de libertad duramente controlada por un rigor compositivo, donde la forma establece un diálogo de estricta musicalidad entre el color y la luz. Así los planos adquieren volumen, proyectan sombras, sugieren profundidades y generan movimiento. En ese momento nosotros, los espectadores, conscientes de que lo que importa es la imagen puesta a circular, justificamos y actualizamos esa funcionalidad despoblada; y hacemos del silencio y del poder del espacio el objeto de reflexión.

Para conocer sus obras dejo la página:de  Pedro Ayala